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MARCO AURELIO. UNA VIDA CONTENIDA

MARCO AURELIO
FERNANDO R. GENOVÉS
Comenzaremos por decir que este libro no es una biografía del emperador romano, del que podemos encontrar muchas en las librerías. Las publicaciones sobre Marco Aurelio o se han enfocado desde el punto de vista exclusivamente histórico, algunas mezclando historia y filosofía y otras, puramente filosóficas, más basadas en las Meditaciones aurelianas. El texto que valoramos hoy es de esta última índole. Formaba, en su origen, parte de la tesis doctoral del autor, que defendía una disertación sobre el concepto decontento moral, y se basaba en Marco Aurelio, Montaigne y Spinoza.

Tenemos, pues, un verdadero ensayo entre nuestras manos, con una tesis que defender y una elegante manera de defenderla. El texto se divide en dos secciones, una primera, introductoria de la filosofía de la Antigüedad, para poder comprender la segunda, que es el desarrollo de la filosofía aureliana. Pero Marco Aurelio «debe cuidar de sí mismo y atender a los asuntos del Estado, al mismo tiempo», se nos advierte ya en el prólogo. Es filósofo y es emperador. Esta bipolaridad se estudia y explica en estas páginas, ya que la tensión generada entre la vida privada y la vida pública es objeto de la mirada del autor, así como comentada constantemente en las Meditaciones.

La filosofía era vivida por los antiguos, no profesada, como los modernos. Se entendía al filósofo como aquel que llevaba una vida buena, aquel que sabía vivir en la rectitud. Un concepto central y entendido de modo diferente por los antiguos, y sobre todo por los estoicos, era el amor de sí mismo, o philautía: buscar el propio bienestar era entendido como un valor moral, además de una muestra de inteligencia. No por ello han de abandonar los asuntos ajenos, los del mundo, sino valorar qué es lo importante y prioritario en nuestras vidas. Y ese ámbito propio, la interioridad humana, ese continente de nuestra moral ha de ser como una acrópolis que vigila desde su altura, la ciudad y su contingencia. El cuidado de sí es, pues, fuente de contento moral, paso previo al cuidado del otro. Poco puede el hombre ocuparse de los asuntos públicos si no sabe ocuparse de sí mismo. Esta es una idea que transmiten los filósofos antiguos.

Es Marco Aurelio en sus Meditaciones, ejemplo vivo de esta idea, por su doble condición de filósofo y emperador. En la segunda parte accedemos, de la mano de Genovés, a la interioridad del hombre que era Marco Aurelio, a partir de las reflexiones que se hacía a sí mismo, ―ya que no escribía para los demás, como se hará a partir de la modernidad― y que nos llegan como un legado valiosísimo. Cómo fue educado en su infancia y mocedad, como trasladado al palacio imperial y cómo vivía con austeridad rayana en lo espartano, mientras espera como heredero adoptado por Antonino Pio, el momento en que le toque gobernar. Algo que no desea, pero acepta. «Guárdate de cesarizarte –se advierte a sí mismo―pues esto es lo que se impone». Una vez emperador, sabe encontrar su daimon (demonio interior) en el que reposar las fatigas del mundo exterior, y proveerse de armonía y felicidad, la razón para regir la propia vida.

Muestra el autor el paralelismo que se da en Marco Aurelio entre esa lucha que hubo de mantener durante todo su reinado para defender las fronteras entre civilización y barbarie, y a la vez, entre el yo y el otro. Durante el día dirige la batalla y por la noche serena su ánimo meditando, equilibrio imprescindible si quiere mantener esa armonía feliz, ese contento que implica cumplir con el deber para sí y para los otros, el equilibrio de la razón y la naturaleza.

Ensayo breve, conciso, que nos motiva a leer las Meditaciones, además de dejarnos un regusto reflexivo, que nos mantendrá ocupados e interesados por las ideas que en él se expresan.

Fernando R. Genovés, (Valencia, 1955) es escritoMi fotor y ensayista, Doctor en Filosofía, premio Juan Gil-Albert de Ensayo (1999), ha ejercido la enseñanza durante veinticinco años, especializando su línea de trabajo e investigación en el campo de la ética y filosofía política. Autor de numerosos artículos en revistas especializadas, ha publicado hasta la fecha seis libros de ensayo.

Ariodante

http://www.elplacerdelalectura.com/2012/07/marco-aurelio-una-vida-contenida.html

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Publicado en Reseñas en medios el 25 Sep 2012  |   0 Comentarios

Marco Aurelio, una vida contenida

MARCO AURELIO Y

FERNANDO R. GENOVÉS

VISTOS POR  ENRIQUE  TENREIRO

Si a día de hoy le preguntáramos a uno de nuestros dirigentes que cuál es su oficio, estoy seguro de que ninguno respondería «ser bueno». Es ésta —«¿Cuál es tu oficio? Ser bueno»—una de las reflexiones recogida en las Meditaciones de Marco Aurelio, pero no la única que goza de plena vigencia. Marco Aurelio, una vida contenida, de Fernando R. Genovés (Valencia, 1955) sorprende, en consecuencia,  por su actualidad, lo que nos lleva a confirmar, una vez más, que retornar a los clásicos (a los antiguos) es un ejercicio conveniente para huir de la falsa y evolucionada modernidad intelectual en la que creemos vivir.

El ensayo (que no aspira a convertirse en una biografía) se articula en dos secciones perfectamente delimitadas. La primera de ellas ofrece, según palabras de Genovés, «una visión integral de la concepción ética de los antiguos y las sustanciales diferencias que la distinguen de la ética moderna». En la segunda parte, el autor reflexiona sobre la vida y obra del filósofo y emperador romano, poniendo el foco sobre la compatibilidad entre la faceta pública y privada, el deber y la vocación de Marco Aurelio. Aunque en el preliminar se invite al lector menos interesado (o más informado) a pasar directamente a esta segunda, no es recomendable, porque no comprenderíamos la reivindicación que el autor hace de la importancia del pensamiento aureliano en la comunidad filosófica moderna, o, lo que es más importante, no nos sumaríamos a ese buen y justo propósito.

Marco Aurelio fue, primero, filósofo, y después emperador. Esta prelación que a priori podría resultar baladí, no lo es, como muy bien señala el autor. Porque el pensador romano, lejos decesarizarse, llevó al poder el estoicismo haciendo de la consecución de la excelencia un objetivo vital. Pero, he aquí, una de las claves de Marco Aurelio, una vida contenida. Cuando hablamos de «excelencia» hablamos de «excelencia estoica» y, junto a ella, otros conceptos que, tras leer el ensayo he tenido que (re)pensar. Me refiero a «amor propio», «hombre libre», «egoísmo», «coherencia», «buen vivir», «altruismo». En definitiva, todos los pilares que conforman la personalidad del hombre actual, pero que, a diferencia de los antiguos, hemos desvirtuado.

Cómo conjugar los postulados estoicos con los deberes inherentes al emperador, debió suponer para Marco Aurelio una fuente inagotable de reflexión. Sobre esta disyuntiva, Genovés diserta (reflexiona, al igual que Marco Aurelio) con maestría y rigor, apoyándose, para ello, en las Meditaciones. Resulta sumamente interesante, en este sentido, comprender —para recuperar y aplicar a nuestro día a día— los objetivos morales que Marco Aurelio incorpora a la filosofía, esto es, la atención por el cuidado de uno mismo y la congruencia interior, los cuales aportarían, sin duda alguna, mesura a estos tiempos en los que vivimos. Como señala el autor: «Probablemente, no haya habido otro pensador, como lo fue Marco Aurelio, que haya reunido con mayor primor en su obra la ética del contento y la filosofía del presente».

En definitiva, Marco Aurelio, una vida contenida, es el breve ensayo de un pensador sobre otro pensador. La escritura elegante a la que Genovés nos tiene acostumbrados, así como la concisión y la capacidad de despertar en el lector las ansias de conocimiento (una cuidadísima bibliografía nos facilita esta tarea), convierten el libro en un viaje (acaso iniciático) ameno y revelador, en donde la reflexión pausada, ésa que obliga a apartar la mirada de las hojas para meditar, es el mayor de sus logros.

Fernando R. Genovés, escritor y ensayista, es Doctor en Filosofía. Premio Juan Gil-Albert 1999, por el ensayo Saber del ámbito, es, asimismo, autor de numerosos artículos en revistas especializadas, colaborador en medios de comunicación y crítico literario. Su último ensayo, Marco Aurelio, una vida contenida, está publicado por Ediciones Evohé.

Enrique S. Tenreiro.

Fernando R. Genovés.
Marco Aurelio, una vida contenida.
Evohé, Madrid, 2012.

http://www.la2revelacion.com/?p=3407

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Publicado en Reseñas en medios el 03 Aug 2012  |   0 Comentarios

Marco Aurelio. Una vida contenida

EL EMPERADOR FILÓSOFO, Y SU RECURRENTE ACTUALIDAD

texto: Jose Vicente Pascual

El ensayo “Marco Aurelio – Una vida contenida”, de Fernando R. Genovés, plantea una alternativa al malestar contemporáneo basada en la bondad.

En el momento en que vivimos, las “Meditaciones” de Marco Aurelio son referencia para la aceptación de la propia responsabilidad en el mundo, un compendio ético con “el contento” como virtud de primer rango. Esto es lo que plantea el ensayo “Marco Aurelio – Una vida contenida”, escrito por el filósofo, profesor, investigador y escritor, Fernando R. Genovés. En dicho ensayo se establece, además, una alternativa al malestar contemporáneo basada en la bondad como expresión natural de la inteligencia humana. En tiempos de incertidumbre, las Meditaciones de Marco Aurelio son referencia para la aceptación de la propia responsabilidad en el mundo , un compendio ético con “el contento” como virtud de primer rango.

El filósofo, profesor, investigador y escritor Fernando R. Genovés analiza en su última obra, Marco Aurelio – Una vida contenida (Ediciones Evohé), las diferencias entre la moral de los clásicos y la ética en el pensamiento moderno.  Su estudio sobre Marco Aurelio establece una alternativa al malestar contemporáneo basada en la bondad como expresión natural de la inteligencia humana.

Para comprender mejor el ensayo de Fernando R. Genovés sobre la vida y obra filosófica del emperador Marco Aurelio, quizás sea interesante comenzar por casi el final de este libro, cuando se establece, conforme a uno de los aforismos más lúcidos de las Meditaciones, tres reglas de acción en una ética del presente:

1)- Estar piadosamente satisfecho con la presente coyuntura.

2)- Comportarte con justicia con los hombres presentes.

3)- Poner todo tu arte al servicio de la impresión presente, a fin de que nada se infiltre en ti de manera imperceptible.

El lector poco familiarizado con la obra de Marco Aurelio, como es natural, se preguntará enseguida cómo es posible estar “piadosamente satisfecho” con la presente coyuntura en tiempos de crisis económica galopante, depresión social, crecimiento del desempleo, duros ajustes económicos que afectan al bienestar del conjunto de la ciudadanía, etc, etc…

Sin embargo, esta nueva visión es posible porque se produce un cambio radical de perspectiva en la valoración y representación de los modelos clásicos de felicidad, partiendo de la exigencia filosófica de los estoicos sobre el perfeccionamiento interior y la asunción de dicha tarea como principal, probablemente la única que obliga al ser humano para alcanzar el contento, lo que aquellos pensadores denominaban vida contenida: una existencia en sosiego, siempre en pugna para que las circunstancias ajenas al espíritu humano (exteriores a la voluntad y la posibilidad del individuo) no sean causa de estrago para esas virtudes de la bondad, justicia y serenidad en la aceptación de nuestra naturaleza, que son tan propias del saber filosófico.

Por lo general, permitimos que a lo largo de nuestra existencia lo urgente nos impida resolver lo importante. Para filósofos como Marco Aurelio, Epicteto y otros clásicos de la escuela estoica, lo importante (nuestra perfección y sosiego interior) debe siempre anteponerse a lo urgente.

En realidad, para ellos no hay nada urgente, pues, como afirma Epicteto: “No hay nadie que sea desgraciado por las cosas presentes”. El pasado ha sucedido, no puede enmendarse, no posee consistencia espacio-temporal y habita únicamente en la memoria; el futuro aún no existe y su concreción depende de factores muy diversos, la mayoría extraños a nuestra voluntad, por lo que sería absurdo dejarse entristecer por él; lo único que tenemos a nuestro alcance es el presente, y si dicha actualidad inmediata se vive desde una conciencia esmerada en el dominio de las pasiones y los sentimientos, nunca puede dañarnos, aun en las condiciones más adversas que se puedan imaginar.

Fernando R. Genovés dedica buena parte de este ensayo a desentrañar la diferencia conceptual y práctica entre moral clásica y moderna , y a rebatir el prejuicio de que la moral estoica, al ocuparse preferentemente del individuo, la vida interior y la inmediatez temporal, es una ética del egoísmo.

Nada más lejos de la realidad, y Marco Aurelio el mayor ejemplo de ello: un filósofo que a partir de 161 DC se dedica con denuedo a la apabullante responsabilidad de gobernar el imperio romano. Para la moral del estoico, la primera y fundamental condición que debe cumplir todo ser humano para ayudar a los demás es el cuido de sí mismo, su desarrollo interior, su contención en definitiva.

Sólo quien se conoce a sí mismo, es dueño y árbitro de sus propios sentimientos y sabe moderar los impulsos de la naturaleza para transformarlos en conocimiento, es capaz de ser útil a los demás. “En la escritura y en la lectura no iniciarás a otro antes de ser tú iniciado. Esto último ocurre mucho más en la vida” (Marco Aurelio, Meditaciones, XI, 29). El punto anterior, lleva al autor de este singular ensayo a oponer la ética de la responsabilidad (clásica), con la ética de la convicción (propia del pensamiento contemporáneo).

Según Genovés, el moderno énfasis “en la fundamentación de la moral ha llegado en muchos casos a oscurecer la sustanciación de la misma, lo que representa una particular expresión de cómo “la forma” puede llegar a humillar a “la materia”. Según asevera un filósofo mucho más antiguo, Epicteto (Op. cit. pág. 19), el primer y más necesario asunto de la filosofía son los principios, como “no mentir”; el segundo, el de las demostraciones: “por qué no hay que mentir”; el tercero, el de la articulación entre ambos: qué es una demostración, por qué lo es, en qué se diferencian la contradicción, la demostración, la consecuencia, lo verdadero y lo falso. Lo que sucede con frecuencia en la filosofía contemporánea es que [Epicteto] “el tercer asunto es necesario por causa del segundo, y el segundo del primero, pero el más necesario y en el que hay que reposar es en el primero. Pero nosotros lo hacemos al revés. Pasamos a él y nos descuidamos del primero por completo. Por tanto, mentimos, pero tenemos a mano cómo se demuestra que no hay que mentir”.

Para el pensamiento estoico, por tanto, la ética de la responsabilidad siempre debe prevalecer sobre la ética de la convicción, en la medida en que las convicciones, por muy bien intencionadas que sean, pueden ser también erróneas, o imperfectas, y tener consecuencias nefastas para los demás habitantes de la polis. No hay más que dar un vistazo a la historia para comprobar cuántos “convencidos” de la certeza de sus principios se convirtieron en auténticos monstruos para sus contemporáneos.

Por el contrario, la responsabilidad es una virtud fraguada y cuidada en el espíritu, nace de la conciencia y el corazón y siempre es inocua. Ciertamente, los estoicos no eran muy entusiastas de la idea de “cambiar el presente”, pero puede decirse en su descargo que jamás hicieron daño a nadie. Verdad es también que Marco Aurelio decretó una persecución contra los cristianos, pero es de suponer que dentro de sus aceptadas responsabilidades estaba la de dirigir el imperio y decretar las leyes que, en justicia, creía más conveniente para el bienestar de sus súbditos.

La proclamación de Marco Aurelio como emperador supone un hito en la historia. Antes queFernando R. Genovés. Fuente: fernandorgenoves.blogspot.com.emperador fue filósofo, y de la escuela estoica nada menos. Como reconocemos a nuestra civilización debitaria del legado clásico greco-romano (entre otras influencias), no deberíamos soslayar la enseñanza de este extraordinario personaje, aquello con que el pensamiento clásico puede ayudar y orientar al ciudadano moderno para la estabilidad de su espíritu, el sosiego de su alma y la equidad de sus acciones.

A las tres reglas de acción señaladas por Fernando R. Genovés, podría añadirse el análisis metódico de nuestra propia responsabilidad sobre aquellos actos en los que tenemos capacidad de participar o ser protagonistas.

Tendemos a achacar a multitud de factores exteriores el origen de nuestras desavenencias y, en general, nuestro malestar. El método de contento (contención), puede reconciliarnos con nuestro grado de satisfacción por estar en el mundo. Un solo individuo no puede transformar la realidad en la que desarrolla su existencia, obviamente.

Pero antes de diluir sus sentimientos, pasiones y acciones en la inercia de una multitud de semejantes a él, es posible una previa reflexión sobre la importancia y naturaleza de esta implicación: no podemos cambiar el mundo nosotros solos, pero sí podemos transformarnos a nosotros mismos, eliminar el daño y aceptar las limitaciones de nuestra naturaleza, sin tomar como ofensa dichas restricciones sino más bien al contrario, como ayuda para cumplir nuestro destino humano.

A fin de cuentas, ¿qué es el individuo sino un resumen milimetrado del mundo, un retrato a microescala de todos los demás individuos semejantes a él? La lectura de las Meditaciones de Marco Aurelio y de este ensayo de Fernando R. Genovés puede despejarnos muchas dudas y abrir nuevas perspectivas en tal sentido.

José Vicente Pascual es escritor, columnista de prensa y crítico literario.

Texto publicado en:

http://www.tendencias21.net/El-emperador-filosofo-y-su-recurrente-actualidad_a12647.html

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Publicado en Reseñas en medios el 27 Jul 2012  |   0 Comentarios

Marco Aurelio visto por Fernando R. Genovés

Marco Aurelio. Una vida contenida.

Fernando R. Genovés

En un mundo como el actual parece que escasean los poetas y los filósofos y prolifera otra especie que se ha adueñado de la sociedad: los políticos. En España existen más de medio millón, casi el triple de los que hay en Alemania y eso que en el país germano alcanzan los ochenta millones de personas. Y precisamente la filosofía de los políticos consiste en vivir a cuerpo de rey a costa de los ciudadanos. Su forma de proceder es muy sencilla: primero actúan y después piensan. Tal vez si aplicaran algunos de los conceptos y las teorías de las que habla Fernando R. Genovés en el ensayo Marco Aurelio, una vida contenida nuestra sociedad funcionaría un poco mejor.

La obra Marco Aurelio, una vida contenida se divide en dos partes. En la primera se ofrece una diferenciación de la concepción de la ética que tenían los antiguos y las diferencias que la distinguen de la ética moderna. Se trata de una visión teórica donde se exponen las distintas formas de entender la ética. En este sentido, se tocan aspectos como la objetividad, el perfeccionamiento, el estoicismo y la misión de la propia filosofía.

La segunda parte del ensayo se centra en la figura de Marco Aurelio desde un punto de vista vital y de pensamiento, a pesar de que éste no goza precisamente de un gran reconocimiento dentro de la comunidad filosófica. De hecho se piensa de él que fue un emperador oportunista, metido a escritor amateur en su tiempo libre.

En la persona de Marco Aurelio además de un magnífico emperador encontramos a un filósofo peculiar, que se formó entre hombres sabios y personas queridas, lo que le ayudó a llevar con el máximo aplomo y dignidad su cometido. Así sabe ejercer su poder de forma correcta porque desde muy pequeño le iniciaron en el estudio filosófico y en la necesidad de reflexionar.

Para Marco Aurelio existen tres premisas fundamentales: la separación de la vida privada y la esfera pública, el cuidado de sí mismo entendido como un cultivo de la moral y la división de la esfera privada de la pública posibilita tener las cosas claras para ser un perfecto gobernante.

Para Marco Aurelio es fundamental el daimôn ya que es el camino que conduce al perfeccionamiento de la persona y a la búsqueda de la plenitud y la felicidad. Elensayo Marco Aurelio, una vida contenida profundiza en la parte humana yfilosófica de este gran emperador que nada tiene que ver con la imagen que le han otorgado algunos especialistas en la Antigüedad de persona que asumía sus obligaciones con profundo malestar y descontento. Marco Aurelio, una vida contenida de Fernando R. Genovés es una lúcida reflexión que nos acerca a su personalidad y pensamiento, que ensalza la meditación filosófica y pone de manifiesto la sabiduría y la serenidad de sus reflexiones. Esta es la única forma de ser fiel a uno mismo y a sus principios.

Ruben Gozalo

http://www.melibro.com/marco-aurelio-una-vida-contenida/

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Publicado en Reseñas en medios el 21 Jul 2012  |   0 Comentarios

Blasco Ibáñez en Italia

En el país del arte

Vicente Blasco Ibáñez


Salvo cataclismo, los lugares permanecen. Cambian, naturalmente, las gentes, las costumbres, las condiciones sociales y políticas y cuantos trazos conforman el paisaje humano que encuentra el viajero en todo destino. Sin embargo, pareciera que hay un sustrato también inalterable en ese gran mural donde lo perdurable y lo transitorio se conjugan para instituir la realidad manifestada de ciudades y naciones, una esencia o espíritu del lugar que es inmune al paso del tiempo y que actúa como testigo soberano del enclave, de su realidad primera y última (invisible, aunque perceptible a la sensibilidad del viajero inquieto), y, por supuesto, de su razón de ser en el mundo.

Esa es, desde mi punto de vista, la diferencia capital entre un turista y un viajero. Los turistas acuden para ver lugares, en tanto el viajero busca y se complace en la índole latiente, esencial, del territorio que visita. Decía Aristóteles, en una definición más que conocida, que el arte no consiste en representar las cosas sino la esencia de las cosas. Trasladando el aserto (tan evidente) al “arte de viajar”, podemos decir que el turista va a lugares para hacer muchas fotografías (la representación de “la cosa”), en tanto el viajero ventea ávido el alma intraducible y desde luego imposible de fotografiar de cada sitio, el cual recorre, por instinto, con la mirada del corazón bien atenta y muy despierta.

He largado este preámbulo (mis disculpas) porque la primera impresión que tuve mientras leía “En el país del arte” (Ed. Evohé, Madrid, 2011), fue que Vicente Blasco Ibáñez, en 1886, estuvo en el mismo país que hoy día puede recorrer cualquier otro viajero avisado. Su percepción de Italia, narrada a partir de la experiencia en sus principales ciudades, capta con extraordinaria precisión ese “espíritu” imborrable de aquel país.

Génova como ascensión y desmesura en los esplendores del mármol (magistrales las páginas que dedica al cementerio genovés); el aura gótica y boreal de Milán, como rotunda incursión del norte europeo en el delicado argumento mediterráneo de Italia; Nápoles, a la que define como “la ciudad cantante”; la Florencia de los Medici que apabulla al escritor con la demasía estética de los Uffici; Venecia, Pisa… y sobre todo Roma, se constituyen en escenario revisitado, casi siglo y medio después, por todo aquel que haya viajado a Italia con intenciones y anhelo de ver lo mismo que vio Blasco Ibáñez. Porque la mirada es la misma.

Balsco Ibáñez vivió aprisa, con intensidad y pasión. Este libro de viajes por Italia fue redactado cuando el autor contaba diecinueve años de edad. Parecen épocas muy prematuras de la vida para ofrecer a los lectores un compendio tan amplio de experiencia y reflexión, pero el caso de Blasco Ibáñez tiene, como toda su obra, algo de excepcional. Con tan sólo 16 años ya había fundado su primera revista (“El Miguelete”), de pensamiento y política, orientada en la que sería constante línea de republicanismo radical. Tres años más tarde, con motivo de ciertos desórdenes públicos producidos en Valencia tras un intento de manifestación antiamericana, en plena crisis previa a los desastres del 98, tiene el autor que salir huyendo para eludir el presidio. Tras una rocambolesca fuga y un corto viaje por mar, acaba en Génova, y desde esta ciudad se propone recorrer toda Italia, sustentándose con lo que algunos diarios españoles le pagaban por las crónicas de su viaje. Este es el origen de “En al país del Arte – Tres meses en Italia”, una aventura en unos tiempos en los que la aventura aún era posible.

No faltan en el libro profusas referencias a las convicciones republicanas, laicistas y vehementemente democráticas de Blasco Ibáñez, traídas siempre a colación como enseñanza o corolario de sus observaciones sobre el pasado en “el país del arte”. La voz del republicano ferviente, sin embargo, no ahoga a la del escritor fascinado por la potestad evocadora del pasado, también por las peculiaridades políticas y culturales de Italia, por más que éstas contradigan sus principios ideológicos. Así por ejemplo, no oculta Blasco Ibáñez su humana simpatía hacia los reyes de la casa de Saboya, sobrios en sus costumbres y “populares” en su forma de ser, saliendo con bien de la comparación que establece con las altivas monarquías del imperio austrohúngaro (por otra parte, enemigas históricas de la unificación italiana, gesta nacional que fascina a Blasco Ibáñez). Detesta el abuso y expolio que los papas de Roma cometieron contra el legado monumental de la Ciudad Eterna, pero al mismo tiempo reconoce la vigencia del legado de la cultura latina en el poder tanto terrenal como espiritual de la iglesia católica. Descalifica a los emperadores romanos, por soberbios, dispendiosos y crueles, mas le subyuga el vibrante esplendor de su dominio. Reniega de la superstición religiosa, pero exalta el sacrificio de los primeros cristianos, a los que califica de “revolucionarios”. En fin, todo un cúmulo de pequeñas contradicciones, en el buen sentido del término, que suponen la evidencia de dos hechos innegables: la realidad (y la historia forma parte de la realidad, lo queramos o no) siempre es ambigua; y, por otra parte: se nota que Blasco Ibáñez tenía 19 años cuando escribió este libro. Su pensamiento, a menudo, recorre con urgencia los extremos de estas contradicciones, de un lado a otro, y en ambos lugares parece encontrarse muy en acomodo. Para último ejemplo: la desautorización moral y política que mantiene contra las monarquías europeas no menoscaba la admiración que siente ante el gran Napoleón, emperador de los franceses.

No admite segundas lecturas en esta obra, por supuesto, la rendida estima y devoción hacia la figura de Garibaldi. No podía ser de otra manera. Siempre he pensado que en las biografías de Blasco Ibáñez y del unificador de Italia hubo algunas concomitancias, quizás buscadas por el primero al tener como héroe personal y ejemplo al que seguir, al segundo: las ideas republicanas, el sentido universal de la patria, la inclinación a la acción como elemento de superior naturaleza ética, la aventura, los viajes… incluso las estancias en América, durante las cuales intentó Blasco Ibáñez hacer realidad, sin conseguirlo, algunas de sus utopías.

En definitiva, nos encontramos con un apasionado libro de viajes, escrito en pleno arrebato intelectual y estético por un autor joven y lleno de talento, a través del cual disecciona la reciente historia italiana, expone sus ideales democráticos, pacifistas y republicanos, y cuenta, a menudo con encendida prosa, no lo que todo el mundo puede ver, sino lo que necesita ser explicado: sus emociones ante el pasado glorioso de la península itálica y el desafío histórico de su presente. No es este el Blasco Ibáñez maduro, experimentado y magistral de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”; es un Blasco Ibáñez joven, trotamundos y apasionado. Quizás, por eso mismo, y desde cierto punto de vista, mucho más interesante.

http://www.josevicentepascual.com/2012/02/en-el-pais-del-arte.html

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Publicado en Reseñas en medios el 20 Jul 2012  |   0 Comentarios

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